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Pais y Gente

Conocer Lanzarote - País y Gente

Lanzarote no es una isla corriente. Esta isla, formada por erupciones volcánicas, es única y peculiar. El interior de la tierra volcado hacia fuera, más de un tercio de la isla cubierto de la lava negra y toba gris, de escorias y arena volcánica, el suelo árido atravesado por ríos de lava fría que aún parecen fluir: hace más de 250 años se repitió aquí la historia de la creación. En el Parque Nacional de Timanfaya, donde se yerguen las Montañas de Fuego, se hallan los “paisajes lunares”. Allí se logra una idea del “mar de calma” y de las fuerzas enormes acumuladas y capturadas en el interior de la tierra. A pesar de ello las montañas infunden sosiego, como si no hubiera bajo ellas pueblos enterrados. Aquí y en otros lugares de la isla hay arte sin artistas, arquitectura paisajística sin arquitectos.

La naturaleza colocó esculturas caprichosas por los parajes, pintó escenarios, escribió su dramaturgia. El contraste produce suspense. Las casas están blanqueadas, los campos negros, cubiertos de picón (piedras eruptivas, también granulado de lava), cultivados con maíz y cebollas. Verde, amarillo, rojo sobre fondo oscuro. El dromedario tira del arado, los campesinos cosechan juntos aún; de campo a campo. Hay palmeras aisladas con copa de hojas esférica. Los montes de pendientes suavemente onduladas cambian de color según la luz. Quien quiere encuentra aquí surrealismo “realizado”. Murallas de piedra natural atraviesan las llanuras. Higueras y viñas crecen en cráteres construidos artificialmente (La Geria).

En la costa occidental merece la pena darse un paseo, allí donde en ciertos días lluviosos el viento empuja el arco iris, producido por la espuma, allí se destacan bloques de magma dibujados con líneas claras, que a veces aparentan ser figuras.

O las playas blancas en el sur – Papagayo – aún protegidas contra la construcción, pero no a salvo de las masas. Son las playas más hermosas de la isla.

En Lanzarote no hay bosques, ni aguas subterráneas y apenas manantiales. El harmatan, el levante y el siroco, todos vientos del desierto, han desecado la Sierra. Sin embargo la tierra florece. Amapolas, margaritas y otras flores crecen tras las escasas lluvias (principalmente en invierno).

Quien visite la isla, no precisamente en pleno verano, encontrará en el norte una vegetación exuberante, sorprendente en esta isla seca; como en Haría, el valle de las mil palmeras, con un pueblo de aspecto árabe.

Lanzarote posee fuerza primordial; y fuerza estética. La arqui­tec­tura encaja en el paisaje, sólo hay un rascacielos en la capital Arrecife, como amonestación para no volver a construir más edificios así. Los centros turísticos han sido concentrados en tres localidades: Puerto del Carmen, Costa Teguise y Playa Blanca.

Los lanzaroteños son muy hospitalarios y discretos, algo reservados pero no esquivos. Son de ánimo alegre, se les nota que trabajan duramente, que los ancianos han tenido que sufrir muchas privaciones, lo cual los ha hecho fuertes pero no duros. Lanzarote, llamada por los canarios antiguos Tyterogakaet, Tyteroygatra o Tarakkaut (de significado desconocido) es la isla más nordestal, la más peculiar, la más original e impresionante de todo el archipiélago canario.